• Lic. Rodrigo B. Ríos

INTRODUCCIÓN A LA CLÍNICA NODAL (PARTE II): SUFRIR POR TENER UN ALMA

SUFRIR POR TENER UN ALMA


           En las conclusiones de unas jornadas de la Escuela Freudiana de París (1975) Lacan dirá “…el sinthome es sufrir por tener un alma”. Pero, ¿a qué se refiere Lacan cuando utiliza el término alma? Si uno se remite al Seminario XX puede encontrar la siguiente afirmación:


“(…) sólo podría llamarse alma lo que permite a un ser -al ser que habla, para darle su nombre- soportar lo intolerable de su mundo, lo cual la supone ajena a éste, es decir, fantasmática”.


     Si el lector recuerda el vínculo que quedó establecido entre el cuarto elemento que anuda y la realidad psíquica -superpuesta con el complejo de Edipo o nombre del padre, la realidad religiosa y la función del sueño-, su estatuto se vislumbra un poco mejor. En tal sentido se puede decir que el alma es fantasmática y aquello que soporta, lo intolerable del mundo, será lo real; esto es decir, de lo real nos adormecemos por el marco que aporta la realidad fantasmática.


    Si el fantasma va a ser lo que atempera lo real, una respuesta a lo real que irrumpe, respuesta anticipada ante esa falla en la estructura que supone el encuentro con la falta en el Otro, que “no hay relación sexual”, el papel que juega el sinthome va a ser el de estabilizar los tres registros. Y esto último no va a ser logrado sin esa cuota de sufrimiento que Lacan denuncia. Entonces podríamos decir que sinthome y fantasma son conceptos que van a quedar íntimamente relacionados. El sinthome será ese anudamiento dormitivo, anudamiento que encadena los registros y nos permite habitar el mundo, un “saber arreglárselas”.



LAPSUS DEL NUDO


          El sinthome es lo que le da la estabilidad a la estructura en la medida en que viene a reparar el lapsus del anudamiento, reparación que hace existir la relación sexual soportándose en una pére-version sintomáthica.


     Lacan dirá que la reparación no necesariamente puede ir a parar al mismo lugar en el que se produjo el lapsus, pero va a reservar el término sinthome a los casos en los que la reparación sí se produjo en el mismo lugar del lapsus, un nudo sinthomado[1]. Y va a agregar que es preciso que el lapsus se de en dos puntos de cruce de la cadena -y en el mismo par de eslabones de la cadena- para que ésta se desencadene por completo y cada registro se vaya por su lado.



     En el ejemplo el lapsus se produciría en los dos puntos de cruce entre simbólico e imaginario, y el sinthome no solo anuda como cuarto eslabón a los tres registros, sino que opera como reparación de éstos dos lapsus que liberarían la cadena. Con esto estamos evidenciando el hecho de que la cadena de cuatro eslabones -esos tres que suponen ya un cuarto totalmente irreductible- ya supone una falla en el anudamiento. Una falla inevitable, estructural, y la reparación de esta falla estructural, falla que no alude más que al hecho de que no hay relación sexual. Esta propuesta deja el campo allanado e instala la posibilidad de una clínica de las reparaciones de este lapsus.


    Ahora bien, es necesario afirmar no se puede localizar ese fallo del anudamiento más que retroactivamente, a partir del lugar en el cual podemos ubicar la reparación; esto es decir, ir de la reparación a la falla y no de la falla a la reparación.



          En la cadena borromea existen tres localizaciones posibles para los dobles lapsus: entre simbólico e imaginario, entre real y simbólico, y entre real e imaginario. Y si para cada uno de esos tres dobles lapsus planteamos la existencia de dos posibles reparaciones, a partir del redoblamiento de uno u otro de los registros comprometidos, nos encontramos con seis posibilidades de reparaciones sinthomáticas:


1- Una primera versión del síntoma (σ1) que redobla lo simbólico en el lapsus entre simbólico e imaginario, y en donde podríamos ubicar al síntoma-metáfora.


2- Ese mismo lapsus pero redoblando lo imaginario, en donde podríamos ubicar una de las formas de la inhibición (l1); la inhibición que afecta a lo simbólico, la imaginarización de lo simbólico.


3- Un redoblamiento de lo real en el lapsus con lo simbólico, que sería una de las formas de la angustia (α1), la angustia-letra como realización de lo simbólico.


4- Éste mismo lapsus, pero redoblando lo simbólico, nos daría el síntoma-letra como segunda versión del síntoma (σ2).

5- Una segunda versión de la angustia (α2) como reparación localizada entre real e imaginario; angustia-cuerpo, realización de lo imaginario.


6- Y, finalmente, una segunda versión de la inhibición (l2) entre imaginario y real. Una inhibición que afecta a lo real, imaginarización de lo real.


     Seis anudamientos neuróticos en los que las formas del síntoma, la angustia y la inhibición reparan sinthomáticamente al doble lapsus, a la falla estructural de todo ser hablante por la inexistencia de la relación sexual. Tales nombres del padre que responden neuróticamente al hecho de que no hay relación:


“Padrecimientos neuróticos: los seis modos en que el trío freudiano de 1925 establece respuestas sinthomáticas frente al lapsus fundamental del anudamiento, que no hay relación”.[2]


     Ya habiendo llegado a seis posibilidades de nombres sinthomáticos del padre, podemos continuar la cuenta hasta nueve y situar ya sus nombres en tanto síntomas. Lo que se llama padre no solo puede tener función de encadenamiento sinthomático sino también de desencadenamiento sintomático, manifestarse como síntoma y que desencadene la estructura. El padre podrá ser tanto un síntoma como un sinthome, en relación a la función que cumpla en la estructura. Esto es lo que se introdujo antes cuando distinguimos en cada una de las formas del anudamiento también sus vertientes sintomáticas. Un síntoma-letra o síntoma-metáfora puede devenir sinthome o bien un sinthome puede flaquear y perder su función de anudar la estructura. Entonces, si el padre puede operar como sinthome (como padre que anuda) o puede operar como síntoma (síntoma-metáfora en la metáfora paterna o síntoma-letra en tanto padre traumático), y nada impide que el síntoma devenga sinthome, lo que queda en relevancia es justamente la doble vertiente de la función paterna. Y es por eso que seguimos contando hasta nueve en la clínica nodal, poniendo el acento en estas tres posibles irrupciones de la inhibición, el síntoma y la angustia en tanto que desencadenan, nombres traumáticos del padre. Así llegamos a seis anudamientos neuróticos básicos, seis nombres sinthomaticos del padre, y sus tres posibilidades de desencadenamiento en tanto padre-síntoma.



Lic. Rodrigo B. Ríos


[1] Schejtman, F., “Sinthome. Ensayos de clínica psicoanalítica nodal”, Grama, Buenos Aires, 2013. Pág. 93 [2] Schejtman, F., “Sinthome. Ensayos de clínica psicoanalítica nodal”, Grama, Buenos Aires, 2013. Pág. 185

0 vistas

© 2014  Lic. Rodrigo B. Ríos   /   11-2313-5187    /    lic.rrios@hotmail.com