• Lic. Rodrigo B. Ríos

LA DESNUDEZ ORIGINARIA (Parte II): LO CAIDO DEL CUERPO, EL CUERPO EN UN ANALISIS y CONCLUSIONES

LO CAIDO DEL CUERPO


Lacan, en “La Tercera”, hablará del cuerpo en relación al objeto α y dirá que “el cuerpo goza de objetos, siendo el primero de ellos el que escribo como α”[1], objeto que propone identificado con añicos, con fragmentos del cuerpo. Luego Lacan definirá al objeto α siendo también “incorporal”. En este sentido el objeto α, objeto causa del deseo, vaciado de cuerpo y de sentido, afecta al cuerpo, lo marca, marca el agujero que va a hacer que ese cuerpo sea deseable. Objeto α en relación a la función de la causa, de lo que causa el deseo, una causa perdida; un cuerpo que palpita en la falta que lo anima[2]. Ahora bien, con todo esto podríamos afirmar que el cuerpo solo es cuerpo cuando es mortificado por el significante, afectado por el cuerpo de lo simbólico, cuerpo perdido y olvidado por el decir. Y en ésto olvidado es en donde ubicamos al goce, goce barrido del cuerpo, goce perdido, goce imposible de un cuerpo mítico, goce de la vida por fuera de lo simbólico. Goce de la vida que Lacan también va a relacionar al ser, a la falta en ser.



Entonces, es a partir del efecto de la inscripción del significante del Otro en el cuerpo que algo cae de ese cuerpo, que algo es negativizado ahí en ese encuentro, y ese resto será la esencia del sujeto. Pero ese resto, ya lo anticipamos, es un objeto vacío, sin concepto, de él no hay ni queda nada, y solo podremos abordarlo metafóricamente, es decir, mediante una sustitución significante que produzca un efecto de sentido. Pero en el momento en que se produce tal sustitución significante ese objeto se nos escapa. Y cuando Lacan dice “tu cuerpo deviene metáfora de mi goce” no hace más que señalar que solo hay goce en la medida en que somos seres hablantes, si no se hablase no habría goce posible, al menos metafóricamente.

Lacan, en el seminario 14, se preguntará por ese Otro del cual venimos hablando y su relación con el objeto α. Se interroga por la sustancia de este Otro y concluirá diciendo que el Otro es el cuerpo, nuestra presencia de cuerpo animal, y que este es el primer lugar donde meter inscripciones, ese primer significante. El Otro es el cuerpo, cuerpo en tanto superficie de inscripción del significante en tanto gesto, y es Otro en tanto se constituirá como ajeno al sujeto mismo.



EL CUERPO EN UN ANALISIS

Desde el inicio la experiencia le enseñará a Freud que la palabra altera, trastorna y afecta al cuerpo. Pero lo novedoso que el introduce consiste en verificar que ese cuerpo afectado por la palabra también puede darle cuerpo a una palabra, hacerla surgir de un modo singular, que hay una articulación entre subjetividad y cuerpo. Lo que el psicoanálisis hace con el cuerpo es leerlo, leerlo según estas marcas, invisibles pero que su localización en tanto escritura en el cuerpo se suelen hacer evidentes en los síntomas mismos, en el malestar que aqueja al paciente. Cifra invisible pero ineludible, que nos abre la puerta a una lectura posible sobre lo que ese cuerpo nos dice de su padecer.


Será necesario distinguir la imagen del cuerpo, sus revestimientos narcisistas, de una nada ubicada previamente por lo simbólico, un cuerpo como lugar de la marca, como lugar de la inscripción del Otro. Y en tal sentido es que el cuerpo es un texto, y de este texto inscripto, análisis por medio, podremos leer algunos fragmentos. Enterarnos, a partir de tal lectura, que hay letras que han caído, esas letras que nos darán la clave, la cifra de todo lo que está en juego en ese texto.


En el espacio analítico nos encontraremos con dos modalidades bajo las cuales se presenta el cuerpo. Por un lado, como un cuerpo que habla y encontramos como ejemplo paradigmático al síntoma histérico. Cuerpo que es territorio de un síntoma y, a la vez, un cuerpo que puede ausentarse para dejar lugar a un decir. Por otro lado, nos encontramos con cuerpos que no hablan y su ejemplo paradigmático son los fenómenos psicosomáticos. En estos casos se requerirá una operación adicional para que el cuerpo pueda ausentarse dando lugar así a una palabra.


A MODO DE CONCLUSIÓN


Hay cuerpo y hay lenguaje, hay cruces y choques pero no hay puntos en común. Una hiancia entre cuerpo y lenguaje que no impide que el lenguaje muerda el cuerpo. Pero resulta que el lenguaje sin cuerpo no sería más que una deriva y el cuerpo sin lenguaje no sería más que la pura animalidad.


El cuerpo, en tanto imagen, recubre una desnudez original, desnudez que queda pérdida para siempre dejándonos en un eterno intento de recuperarla a través de la vestimenta que ella inaugura. Las vestimentas vendrían a recordarnos esa desnudez originaria que nunca existió y viene a velar, asimismo, el hecho de que debajo de esa vestimenta no hay nada. En tal sentido, el cuerpo no es algo natural que venga dado sino que es algo que se construye, y se construye a partir de un corte, un corte que engendra una superficie con la cual intentaremos vestir esa nada, esa falta-en-ser que nos constituye como sujetos de deseo. Y, siguiendo esta misma línea, se puede afirmar que el cuerpo siempre falla, es siempre equívoco, pero lo que falla no es el cuerpo en sí, sino que lo fallido es nuestra relación con el cuerpo, relación que falla inexorablemente, lo hace por estructura.


[1] Lacan, J., (1974) “La tercera”, en Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Manantial, 1988. p. 89 [2] Leibson, L. (2018a) La máquina imperfecta. Buenos Aires, Letra Viva, 2018. P.85




Lic. Rodrigo B. Ríos

BIBLIOGRAFÍA

  • Freud, S (1893), "Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices e histéricas". En Obras Completas, traducción de José L. Etcheverry, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1979.

  • Lacan, J.: (1936-1966): “El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, en Escritos 1, México, Siglo XXI, 1980.

  • Lacan, J.: (1962-1963) Seminario X: “La angustia”, Bs. As., Edit. Paidós, 2006.

  • Lacan, J.: (1966b) “Psicoanálisis y medicina”, en Intervenciones y textos, Buenos Aires, Manantial, 1985.

  • Lacan, J.: (1966-1967) Seminario XIV: “La lógica del fantasma”, inédito.

  • Lacan, J., (1974) “La tercera”, en Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Manantial, 1988.

  • Lacan, J. (1977) “Psicoanalisis, Radiofonia y televisión”. Barcelona, Ed. Anagrama.

  • Leibson, L. (2018a) “La máquina imperfecta”. Buenos Aires, Letra Viva, 2018.

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