• Lic. Rodrigo B. Ríos

EL PROBLEMA DE LAS INHIBICIONES DESDE UNA CONCEPTUALIZACIÓN FREUDIANA

          La inhibición tuene un vínculo con la función pero no necesariamente designa algo patológico para Freud, esto es decir que podemos llamar con ese nombre a una limitación normal de una función. En cambio el síntoma estaría más del lado de un proceso patológico. Freud lo expresará del siguiente modo:


“Dado a que la inhibición se liga conceptualmente de manera tan estrecha a la función, uno puede dar en la idea de indagar las diferentes funciones del yo a partir de averiguar las formas en las que se exterioriza su perturbación a raíz de cada una de las afecciones neuróticas”.[1]



      Así es como podemos afirmar que no toda inhibición es un síntoma pero algunos síntomas pueden ser inhibiciones. Las inhibiciones van a quedar conceptualizadas como diques que operan como defensas antes las pulsiones. En “Pulsiones y sus destinos” Freud va a hablar de 4 destinos posibles: I – la represión, II – la vuelta hacia uno mismo, III – la vuelta hacia lo contrario, IV – sublimación (pulsiones de meta inhibida). La inhibición para el yo es una operación fundante en tanto que el yo inhibe procesos psíquicos primarios, una inhibición estructural, originaria.


     Freud va a agrupar las inhibiciones en 4 grandes grupos; la función sexual, la alimenticia, la motriz y el trabajo. En éste caso tomaremos la variante clínica de la alteración de la función sexual. Ésta sufre perturbaciones, la gran mayoría quedando de lado de “inhibiciones simples”[2]. En el decurso del acto sexual las perturbaciones pueden sucederse en una o varias de sus instancias. Podemos encontrar cinco instancias principales en el varón: a) un extrañamiento de la libido al inicio del acto sexual (“displacer psíquico”); b) dificultades para lograr la tumescencia del órgano sexual (impotencia); c) abreviación del acto sexual (eyaculación precoz); d) detención del acto sexual antes de su desenlace (ausencia de eyaculación); e) lo llamado por Freud “la no consumación del acto psíquico”[3] (ausencia de la sensación de placer al momento del orgasmo).


     En muchos de estos casos se vuelve evidente la existencia de un vínculo entre una inhibición y el surgimiento de angustia. En tal sentido podemos afirmar que muchas inhibiciones implicarían una renuncia a cierta función o acto porque, efectivamente, a raíz de concretarlo se desarrollaría angustia. Ahora bien, cuando se sufren de inhibiciones neuróticas para funciones que nada tienen que ver con lo sexual, como escribir o caminal, el análisis nos muestra que detrás de ellos podemos encontrar una erotización de los órganos que toman lugar en los actos que se encuentran inhibidos. El yo renuncia a estas funciones a fin de no verse obligado a emprender una nueva represión, a fin de no entrar con conflicto con el ello. Esto es decir que la inhibición es algo previo a la represión, la inhibición no entra en conflicto y por eso mismo no es sintomático, porque el síntoma es conflicto en sí mismo. Al respecto Freud nos ilustra:


“La función yoica de un órgano se deteriora cuando aumenta su erogeneidad, su significación sexual. (…) El yo renuncia a estas funciones que le competen a fin de no verse precisado a emprender una nueva represión, a fin de evitar un conflicto con el ello”.[4]


     En definitiva, podemos afirmar que las inhibiciones son limitaciones en las funciones yoicas, ya sea como medida precautoria o debido a un empobrecimiento energético. Y aquí es preciso distinguir inhibición de represión; se reprimen representaciones pero el afecto queda desanudado, en cambio la inhibición alude a cuestiones meramente cuantitativas y es por esa misma razón que éstas últimas requieren de un gran gasto psíquico. Cuando el sujeto está inhibido es una inhibición del yo y no por el yo como sucede en el caso de las represiones. Asimismo, la distinción entre la inhibición y el síntoma es que el síntoma es el sustituto de una pulsión sexual reprimida, la represión parte del yo que consigue desalojar de la consciencia la representación que era portadora de una moción desagradable pero ésta última se conserva como formación inconsciente. Al decir de Freud:


“En efecto, el proceso que por obra de la represión ha devenido síntoma afirma ahora su existencia fuera de la organización yoica y con independencia de ella. Y no solo él: también todos sus retoños gozan del mismo privilegio, se diría de extraterritorialidad.”[5]


Tal como ya lo enunciamos, muchas inhibiciones son una renuncia (un acto de renuncia) de una función porque llevarla al acto traería consigo la emergencia de la angustia. Para finalizar diremos que hay inhibiciones que se producen manifiestamente al servicio de la punición; el severo súper yo le deniega el éxito. Pero la paradoja es que a mayor renuncia, mayor es la culpa.; cuanto más paga, más debe. El súper yo como fuente de las inhibiciones es la instancia ante la cual el yo va a estar más indefenso.




Lic. Rodrigo B. Ríos


[1] Freud, S. “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Tomo XX. Pag. 83. Buenos Aires: Amorrortu [2] Freud, S. “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Tomo XX. Pag. 83. Buenos Aires: Amorrortu. [3] Freud, S. “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Tomo XX. Pag. 84. Buenos Aires: Amorrortu. [4] Freud, S. “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Tomo XX. Pag. 85-86. Buenos Aires: Amorrortu. [5] Freud, S. “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Tomo XX. Pag. 93. Buenos Aires: Amorrortu.


BIBLIOGRAFÍA


  • Freud, S. (1925). “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Tomo XX. Buenos Aires: Amorrortu.

  • Freud, S. (1915a). Pulsiones y destinos de pulsión. En Obras Completas, Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1987

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