• Lic. Rodrigo B. Ríos

UNA MIRADA CLÍNICA DE LOS 4 DISCURSOS (II): EL SABER COMO TÉRMINO DE VERDAD Y LA REPETICIÓN

EL SABER COMO TÉRMINO DE VERDAD


          Podríamos decir que un paciente se presenta en $ -> S1, con su enigma, queriendo poner a trabajar al otro, al analista, esperando de éste un S2 que diga algo de él. En la clínica solemos escucharlo cuando el paciente nos dice “yo no sé por qué me pasa esto, para eso es que vengo al psicólogo, para que me de las respuestas”. No obstante, el analista deberá redirigir esa demanda, correrse de esa posición de saber, no caer en la “trampa” de querer decir algo desde su lugar, porque ahí estaría ubicándose –cómo ya comentamos- en el Discurso Universitario, y terminará situando al sujeto en lugar de objeto resto. El analista debe correrse de ese lugar para que la pregunta pueda retornarle y sea el paciente el que se ponga a trabajar, esto es decir, que donde se espera el oráculo debe devolverse el interrogante a su mismo lugar de origen.


“En el discurso de la histérica, está claro que esta dominante la vemos aparecer bajo la forma del síntoma. El discurso de la histérica se sitúa y ordena alrededor del síntoma(…) El analista, por su parte, tiene que representar aquí, de algún modo, el efecto de rechazo del discurso, es decir, el objeto a.” (Lacan, 1969-70, p.46)


     Con la regla fundamental, “asocie”, se pone a trabajar al sujeto (a à $) para ubicar en él el saber y que ponga en juego los significantes que lo determinan (S1).



Lacan nos dirá:


“Para el analizante que está ahí, en el $, el contenido es su saber. Estamos ahí para conseguir que sepa todo lo que no sabe sabiéndolo. Esto es el inconsciente. Para el psicoanalista, el contenido latente está del otro lado, en S1. Para él el contenido latente es la interpretación que va a hacer, en tanto es, no ese saber que descubrimos en el sujeto, sino lo que se añade para darle un sentido.” (Lacan, 1969-70, p. 119)


     El analista, en posición de agente, lo está como a. De su lado hay un saber, S2, ya sea que se obtenga de los dichos del analizado, o bien se trate de un saber previamente adquirido, académico, experiencial. Ahora bien, cómo venimos introduciendo, el saber no es el mismo ni opera de la misma manera en cada uno de los cuatro discursos. En el discurso del amo estamos frente a un saber expuesto, el amo se dirige al saber del esclavo esperando su eficacia, no quiere saber nada, sino que la cosa marche. Podríamos ubicar en éste punto la posición de cualquier persona que consulta a un analista, a quien se dirige por el saber que éste dispone y a la espera de que le diga qué le pasa, qué debe hacer con su vida:


“(…) la base donde se apoya lo que se sabe, lo que se articula tranquilamente como un pequeño amo, como yo, como quien sabe un montón, está en esta relación, y precisamente en la medida que no se sabe.” (Lacan, 1969-70, p. 30)


     Por otro lado, en el caso del discurso Histérico, el saber va a ser un saber supuesto, supuesto de que en el encuentro con el analista éste va a poder producir un saber que dé cuenta de la verdad del sujeto. Y, en última instancia, está el lugar que tiene el saber en el discurso del Analista, en dónde el saber es un saber velado, que está ahí pero nunca debe ponerse en juego.


     Siguiendo la cuestión del saber, Lacan va a plantear al saber como medio de goce: “(…) con el saber en tanto medio de goce se produce el trabajo que tiene un sentido, un sentido oscuro. Este sentido oscuro es el de la verdad” (Lacan, 1969-70, p. 54)


     Aquí podríamos introducir otra afirmación que nos plantea el autor en éste Seminario, a saber, que no habría discurso que no fuera del goce, por lo menos cuando de éste se espere el trabajo de verdad (Lacan, 1969-70, p. 86):


“Hay una relación primaria del saber con el goce, y ahí se inserta lo que surge en el momento en que aparece el aparato que corresponde al significante. Por eso es concebible que vinculemos con esto la función del surgimiento del significante”. (Lacan, 1969-7, p. 17)


     Nos referimos a que desde el momento en que el ser humano habla está perdido, se acabó esa perfección de la complementariedad entre los sexos: “Somos seres nacidos del plus de goce, resultado del empleo del lenguaje.” (Lacan, 1969-70, p. 70)


     Es por esto que Lacan va a decir que “el discurso se aproxima a él (el goce) sin cesar, porque en él se origina”. (Lacan, 1969-70, p. 74)


     En muchos casos el goce se nos presenta como un elemento “negativizado”, algo en falta respecto del saber. Es lo que muchas veces se escucha como un “no sé por qué me pasa”, “no sé qué hace para…”, entre otras afirmaciones. Ésta posición particular, posición de interrogación, no necesariamente se nos va a presentar como algo dado desde el principio, recordemos que en los pacientes que se posicionan desde la actitud del amo solo van a querer que los problemas se resuelvan sin hacerse demasiadas preguntas. En esos casos instalar el interrogante será un efecto del análisis. Esto quiere decir que dicho efecto, dicha “histerización del discurso”, no solo es condición sino resultado de la intervención analítica. El analizante tentado por el analista a orientarse según un “deseo de saber”, un saber supuesto –ya no expuesto-, un saber que no se sabe y del que se goza. Se goza, en el saber se goza, recordemos, “saber medio de goce”; goce al que se accede mediante la palabra, goce que también se condensará en la repetición:


“(…) el saber es cosa que se dice, es cosa dicha. (Aunque no se sepa quién habla ahí). Pues bien, el saber habla solo, esto es el inconsciente.” (Lacan, 1969-70, p. 74)


        Entonces, saber y verdad van a articularse de una manera muy particular en éste Seminario. Cuando Lacan afirma “lo que se espera de un psicoanalista es que (…) haga funcionar su saber como término de verdad”[1] hace referencia a que la intervención analítica logre desarticular la cadena significante para promover cierto alumbramiento de la división subjetiva, que el saber que el discurso histérico vela –y desconoce la satisfacción que implica- se separe del circuito pulsional que lo comanda:


“No hay sentido más que del deseo. (…) No hay más verdad que de lo que dicho deseo esconde de su falta,…” (Lacan, 1969-70, p. 64)


     Pero éste efecto no es más que el producto de una operación transitoria, el discurso retorna inmediatamente a su oscuridad.



LA REPETICIÓN


        En el discurso del amo lo que predomina es la Ley, en el discurso universitario la predominancia está en el saber, en el discurso histérico está en el síntoma y en el discurso del analista la predominancia está en el analista posicionado como objeto (a). Cada tipo de discurso implica una forma particular de lazo social. La ley es algo que requiere que se repita, no alcanza con que se diga una sola vez. Lacan dirá que el inconsciente es el discurso del amo y, en éste sentido, podemos ubicar la compulsión a la repetición como ley del inconsciente y, como lo logra demostrar la clínica psicoanalítica, la repetición se funda en un retorno de goce. Pero hay algo que no debe pasar inadvertido, que en ésta repetición que se vuelve a lanzar no solo hay plus de goce, sino pérdida de goce, una “entropía”, y la función del objeto perdido, objeto a, surge en el lugar de esta pérdida que introduce la repetición misma. Aquí, en el nivel más elemental, Lacan va a poner el relieve en el rasgo unario:


“… todo lo que a nosotros, analistas, nos interesa como saber se origina en el rasgo unario.” (Lacan, 1969-70, p.49)


     Entonces podemos decir que la repetición siempre es exitosa en cuanto a su armado, pero también implica un fracaso. El inconsciente, ubicado en tanto discurso del amo, ese S1 que da la orden, la repetición, produce el conjunto de todos los S2, el saber, aquí también siempre ubicado el goce en juego en la repetición -“saber medio de goce”-, que produce, en última instancia, una pérdida. Es decir, un a, plus de goce, tanto como una pérdida, en el mismo acto algo fracasa, y por eso se vuelve a lanzar, una y otra vez.


     En la clínica habrá que ubicar, en la repetición, al S1 desenganchado de la cadena, ese S1 que itera, incesantemente, y saber que no solo se repite el S1, sino que también lo hace el objeto. Y, en éste punto, un psicoanálisis reproduce la producción de la neurosis. Se trata de producir éste significante (S1) para quitarle, dejar caer ahí ese punto de fijación, esa repetición que siempre es vana. En la medida en que logramos localizar ese S1 es que el goce (o des-goce, en tanto el goce siempre no es esquivo) ahí alojado podrá empezar a caer.




Lic. Rodrigo B. Ríos


[1] Lacan, 1969-70, p. 56


BIBLIOGRAFÍA

  • Lacan, J. (1969-70). El Seminario, Libro 17: “El reverso del psicoanálisis”. Buenos Aires: Paidós, 1992.

  • Lutereau, L. (2011-2012). “La verdad del amo. Una lectura clínica del Seminario 17 de Jacques Lacan”. Buenos Aires: Letra Viva, 2014.

  • Safouan, M. (2005). “Lacaniana. Los seminarios de Jacques Lacan”. Buenos Aires: Paidós, 2015.

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