• Lic. Rodrigo B. Ríos

EL SUJETO COMO EFECTO DEL CORTE Y LA FUNCIÓN DEL FANTASMA COMO SOSTEN DEL DESEO

          El Sujeto, tal como Lacan lo define, es más hablado que hablante. Hable o no hable, el sujeto desde sus inicios está determinado por el lenguaje que siempre le precede, determinado por el solo hecho de que se hable de él. Es por ésta razón que somos hablados y, podríamos decir aún más, que el mundo que nos rodea es hablado. También podemos ubicar aquí lo traumático de la incorporación de la lengua materna. Ésta identificación primaria suspende las satisfacciones fisiológicas y en el lugar del instinto, desarreglado por el significante, emergen las pulsiones; instinto fragmentado por el recorte del significante en el cuerpo en una multiplicidad de pulsiones parciales. La identificación, en éste nivel, no es tanto al padre ni a la madre sino a la lengua. Pero la construcción de la realidad no es únicamente un fenómeno significante, requiere que un Otro sostenga esa construcción.



     Lo que aquí es escribe es el goce, se escribe en el cuerpo, se escribe lo que del goce se fija en el cuerpo como letra del síntoma, lo que traza el borde del agujero, lo literal de la letra fuera del sentido. En éste punto podemos afirmar que el sujeto no es otra cosa que el corte, el surgimiento del sujeto como puro corte. Y el corte del “cros cup” es la emergencia del sujeto y la caída del objeto como producto de la emergencia del sujeto. El inconsciente como real, el agujero; es decir, que no hay objeto adecuado, que no hay relación sexual para el ser hablante. Y utilizamos el fantasma para nombrar algo de eso que no hay, pero siempre queda un resto, una marca. El fantasma da ilusión de totalidad y cuando se quiere dar un enunciado sobre lo que “se es” se incurre en una inconsistencia lógica; ahí donde me nombro no me encuentro. Lo que vemos como totalidad implica un artificio, porque algo falta, uno mismo no se ve y es quien completa esa totalidad.


     La finalidad del fantasma va a ser sostener el deseo y servir de obstáculo frente a la angustia. Ordenar las cosas para que el sujeto no se tope con el significante de la falta en el Otro, para que no se tope con el hecho de que no hay respuesta. Es por ello que en Lacan, el intento de conceptualizar el deseo, es también un intento de conceptualizar el inconsciente, y el sujeto del inconsciente es esencialmente deseo. Lacan intenta inscribir al sujeto en una lógica y va a pensar a la lógica del inconsciente en relación a un “quiero pero no quiero”, “me propongo no hacer algo pero sin embargo igualmente lo hago”, el $ del inconsciente en donde no hay contradicción.


     Entonces podemos decir que la realidad se constituye como un artificio, la realidad es una realidad fantasmática, está estructurada al modo del fantasma. El sujeto se considera parte del todo, de esa realidad, y solo en el punto en el cual se desarticula el fantasma se advierte el corte del sujeto, sujeto como corte, el $, lo que pone en evidencia que la totalidad es una mera ilusión. El sujeto es el corte que da cuenta como se estructura esa realidad, y en cuanto corte no es nada, no tiene superficie, es el corte mismo. Como ya dijimos, el sujeto advendrá como un corte del “cros cup”, pero, así mismo, ese corte es el encargado de producir esa amalgama entre el sujeto y el objeto.


     La lógica del fantasma es un pensamiento que se repite a sí mismo, no hay un agente de los pensamientos sino más bien el sujeto es efecto de sus pensamientos. "Si pienso no soy, si soy no pienso”. El “no pienso” no es la ausencia de pensamiento sino todos esos pensamientos que se piensan solos. El “no soy” es la operación verdad frente a todos los pensamientos de la alienación. Y el ser es la alienación, en la medida en que me reconozco en mí ser más alienado estoy. Ahí donde uno cree ser, no es, lo característico es una falta en ser. Uno toma como ser un enunciado de la alienación, “yo soy tal”, y esa alienación da cuenta de una modalidad de goce, es producto de una modalidad de goce. La tos como síntoma, -hago referencia al caso del paciente de Ella Sharpe- es el “no pienso”, la posición del sujeto frente a una demanda inconsciente, el sujeto enganchado a la demanda pura. El sujeto no está ahí, está en fading, sujeto abolido como tal, el sujeto es tos, es goce. Cuando adviene la operación verdad es la pregunta que el paciente se hace por la tos, y adviene el significante como S1; adviene como significante cuando se interroga, el significante como marca de la enunciación, enunciación del sujeto del inconsciente. Pero esa marca surge cuando deja de ser, pierde su carácter pulsional, ser plus de gozar, y emerge como interrogante.


     En este sentido podemos decir que lo característico de la neurosis es preservar la falta, preservar al Otro barrado, es decir, como no barrado, y la posición subjetiva del ser es una respuesta a la falta del Otro, respuesta anticipada por vía del fantasma que permite que la pregunta no se llegue a formular. La verdad del ser es la falta en ser, y Lacan va a ubicar al pasaje al acto en la alienación a los significantes que me vienen del Otro. Se dirá “soy argentino hasta la muerte”, y en tanto me encuentro ahí alienado es un pasaje al acto. Es decir, la consistencia del ser la tomo de los significantes, de lo simbólico, y lo simbólico se va a sostener de cierta modalidad de goce.



          No hay constitución subjetiva sin una relación con el saber, y ese saber es que no se sabe. En esa relación con la falta en el otro es que “solo puedo ignorar algo de mí en la medida en que se puede ubicar algo que el otro no sabe”. La pregunta del niño, “¿por qué?”, apunta a enunciar que el otro no sabe, y cuando no sabe miente, de ahí la afirmación de que el sujeto miente, miente porque no sabe, no sabe sobre lo que lo constituye, y en torno a esa falta en el Otro, esas mentiras que dan cuenta de ello, se va a determinar la propia subjetividad. Ese “no sabe” entendido como la esencia del inconsciente, el saber no sabido; pensar y ser están en disyunción, es el sujeto dividido.


     Lacan va a ubicar al saber en contraposición al acto y va a decir que no hay acto sin angustia. La angustia aparece cuando el Otro no tiene respuesta, ante la angustia debe aparecer el acto, que algo hay que hacer, porque ante el Otro sin respuesta uno ubica al Otro en falta. Hamlet es Hamlet justamente cuando se cae su fantasma y da cuenta de su división, cuando vacila el fantasma el sujeto queda enfrentado al significante de la falta en el Otro y de allí la emergencia de la angustia.



          En un análisis tiene que haber alguien que hable y la palabra adquiere su importancia no por lo que significa sino por su función, es decir; “¿por qué dice eso?”. En la palabra del sujeto, palabra en cuanto enunciación, se ponen en juego todas las coordenadas de su constitución como sujeto. En el acto analítico hay un “no pienso” y en ese “no pienso” aparece el objeto a como plus de goce y eso adviene como causa de deseo para el paciente porque el analista devela su falta y el paciente cuestiona su posición. Esto es decir que el acto analítico nunca es pensado, calculado, es en acto, creatividad pura en la medida en que el acto emerge como creación del dispositivo en un momento determinado y no anticipado.




        Lic. Rodrigo B. Ríos 


BIBLIOGRAFÍA


  • Lacan, J. (1958-59). El Seminario, Libro VI: “El deseo y su interpretación”. Buenos Aires: Paidós, 2015.

  • Lacan, J. (1962-63). El Seminario, Libro X: “La angustia”. Buenos Aires: Paidós, 2006.

  • Lacan, J.: (1967-1968) Seminario XV: El acto psicoanalítico, inédito.

  • Lacan, J.: (1966-1967) Seminario XIV: La lógica del fantasma, inédito.

  • Miller, J.-A. Los signos del goce. Ed. Paidós.




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